viernes, 11 de enero de 2013

Apuntes

Después de mi viaje a Toledo comprendo la mágica visión que El Greco nos legó de la ciudad. Y es que el espíritu cristalino que desprenden sus insólitas pinturas parece poseer la materia de cada una de las piedras que componen dicho enclave, haciendo de Toledo una ciudad de apariencia tan frágil como irreal; una ciudad, a fin de cuentas, revelada y, por ende, invisible para la mayoría de los hombres.




Tus pensamientos, gestados en el ruido de una guerra inexistente, son el humo de una máquina perfecta que nunca disparó.




Cuando decimos que la condición del hombre es el hecho de pensar, verdaderamente estamos acatando una contradicción como respuesta.




Escribir en el lenguaje de las cosas que esperan.




Una ciudad que en el corazón de los tristes disponga múltiples oportunidades para el suicidio.




Después de extraerles el veneno, los niños colgaron las serpientes de los árboles más próximos al templo.



Paisaje: lugar común de la distancia.




La lengua es una puerta entre dos realidades insuficientes: el silencio y lo dicho.




Deberíamos inventar una dieta de conciencia que, al menos una vez al día, nos permitiera salvar de la putrefacción la materia de los frutos.




Un hombre colgado de un árbol a las afueras de la ciudad, pero con el siglo XXI como contexto.










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